(Quebrar)
Dicen que las almas se reconocen
como los ríos reconocen el mar:
no porque nunca se hayan perdido,
sino porque siempre encuentran el camino de regreso.
Quizá por eso contigo
el miedo nunca aprendió a quedarse.
“Quebramos.”
Como dicen los que saben bailar la vida.
Perdemos el paso,
nos soltamos apenas un instante,
y, sin pronunciar derrota,
volvemos a buscarnos
hasta que el mismo compás nos encuentra.
Tal vez los dioses
nos escondieron el hilo de Ariadna
entre las costillas.
Porque incluso dentro del laberinto,
cuando todo parece distancia,
siempre hay algo que tira de nosotros
hacia el mismo centro.
No sé si fuimos un mito.
Si alguna vez bebimos vino
junto a Dionisio,
si Atenea nos enseñó paciencia
o si Perséfone nos prestó
la certeza de volver.
Solo sé
que cuando tus ojos encontraron los míos,
no sentí el vértigo del comienzo.
Sentí el alivio del regreso.
Como quien abre una puerta
que lleva siglos buscando
y descubre,
con una paz imposible de explicar,
que siempre había vivido allí.
Y si alguna vez escribimos nuestros votos
en una lengua olvidada,
o en una que no existe,
que sea porque entre nosotros hay promesas
que ningún idioma humano
ha aprendido todavía.
Porque hay amores
que no nacen.
Se recuerdan.
Y el nuestro…
cada vez que quebramos,
simplemente
vuelve a bailar.
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