-El pretérito no siempre termina cuando acaba la historia: a veces se instala en el pecho y se niega a conjugarse.-
La nostalgia no siempre mira hacia atrás,
a veces es el eco del futuro,
una puerta que no se abre,
un camino que se borra sin andar.
Se rinden las hojas al viento,
como si el otoño me hablara con tu acento,
me exigen empezar de nuevo,
sin ti,
a partir de ya.
Hay días en que el aire se aquieta
y creo estar mejor,
pero no es olvido, mi amor,
es el cansancio de extrañarte
acomodándose en mi cuerpo.
Me dicen que hay que calmar el dolor y llenar el vacío,
que el amor se cura con amor.
Pero yo digo que no,
porque ese vacío
lo habitas hoy conmigo.
A veces imagino
que solo te fuiste lejos,
que el silencio es un viaje,
que estabas cansado y olvidaste escribir,
que pronto vas a contarme
cómo se ve el mundo sin mí.
Las voces de otros ya no alcanzan.
Antes bastaba la tuya
para llenar la habitación.
Ahora todo suena hueco,
como si el mundo hablara
una lengua que se extinguió contigo.
Siento nostalgia de la forma
en que tus palabras pensaban en voz alta,
de tu autenticidad,
de la manera en que vivías desde tu ética,
del roce invisible
de nuestras mentes entrelazadas.
Pero tranquilo, amor,
deja la ansiedad,
no te estoy pidiendo que regreses.
No te llamo al hogar.
Porque aún en la distancia,
bajo este mismo cielo:
te amo sin buscarte,
te pienso sin retenerte,
te recuerdo sin poseerte.
Vive tu vida, intenta ser feliz.
No te necesito aquí;
las memorias de nuestro pretérito
me bastan para amarte.
Ve tranquilo, amor.
Ahora estoy mejor,
tratando de aprender
que «aun siendo singular,
se puede ser plural.»
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