Rumiando Mentes

Aquí no hay letras perfectas, pero hay de sentimientos todos. Transformando pensamientos en palabras

Para Juan Pablo:

con quién descubrí la magia de lo simple

y aprendí que amar también es mirarse sin miedo en otro corazón.


Conocerte fue mirar el mundo con magia,

creer que te hallaba, y encontrarme en el viaje.

Pensé que te veía, pero eras mi espejo,

mi luz en el caos, mi propio reflejo.

Dije “sí” por primera vez sin miedo,

a lo simple, lo incierto, lo sincero.

Y entendí que en tus ojos dormían

partes de mí que ni yo conocía.

Aprendí que el silencio puede contener mil te quiero,

que un té abre el alma mejor que el vino,

que el deseo no vive en la piel que se toca,

sino en la confianza, en la risa, en la boca.

Descubrí mi poesía en tus gestos,

mi fe en tus pausas, mi fuerza en tus besos.

Amar los domingos en calma, la música lenta,

la vida sin prisa, la risa contenta.

Conocerte, fue cielo y locura,

fue lección, fue vértigo, fue ternura.

Me lanzó sin cinturón ni certeza,

pero fue mi acto mayor de belleza.

Porque al amarte también me creí,

me vi entera, me supe aquí.

Conocerte fue encontrar en el amor

el arte de soltar sin olvido,

de quedarme conmigo,

sabiendo que fui, que fuimos.

Conocerte fue concederme, 

la oportunidad de  recordar

que todo amor verdadero

es también un regreso al hogar.


Juanpa, coincidir contigo fue magia.

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