Amo
cuando interrumpes el caos
con esa calma que no presume
pero todo lo ordena.
Amo
el valor que llevas en los hombros,
ese que refleja
lo que sé que merezco.
Amo tus certezas limpias,
tus líneas rectas,
tu brújula sin atajos.
Amo cómo avanzas,
incluso cuando el viento no te quiere.
Amo
el cuidado que te das,
cómo luces cuando no lo sabes…
y cómo me invitan tus formas
a querer siempre tocarte.
Amo tus rendijas,
las que abres cuando no puedes más,
y yo me cuelo
con ternura y sin ruido.
Amo tu andar congruente,
cómo no haces teatro
donde muchos actúan.
Amo tu risa,
esa complicidad absurda
que encuentra el mismo chiste
en dos lenguas distintas.
Amo cómo amansas mis viejos miedos,
les hablas suave,
y sin querer, los desarmas.
Amo lo que escribes,
cómo rozas mi mente
y despiertas mi piel.
Amo este devenir a tu lado:
derribar viejas versiones,
y construir, sin prisa,
una nueva forma de ser nosotros.
Y no,
no espero que el mundo entienda.
Amarte no es cruz ni pena,
es libertad elegida.
Te amo sin espectáculo,
sin pedestal ni promesa.
Te amo desde la chispa; sí
pero también
Te amo desde la calma.
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