Fui llenando gota a gota
la pileta vacía
con rocíos que a veces
también fueron lágrimas.
Al principio,
ni siquiera sabía el color de tus ojos.
Los escondías detrás de gafas
tejidas con silencios
y apegos que me evitaban.
Yo bordaba con hilos de seda
los mapas de mis anhelos,
llamando a una puerta
que tú sellabas
con el décimo candado.
No sé si lo que vale la pena
siempre cuesta más,
pero sé que tú tenías el toque
y yo, la mirada justa
para reconocerlo.
Poco a poco
sacamos al miedo
como se airea una casa cerrada,
y dejamos entrar
la paciencia.
Hoy conectamos
sin desbordes,
como se enreda el sol
con las cortinas al amanecer.
Ya no estoy sola.
Ya no estás solo.
Has sido tú.
He sido yo.
En las mínimas
y máximas
expresiones del amor.
Pero hemos sido.
Y seguiremos siendo.
A veces tú arriba,
a veces yo.
Pero seguiremos siendo.