Rumiando Mentes

Aquí no hay letras perfectas, pero hay de sentimientos todos. Transformando pensamientos en palabras

Diente de león

Pausa 2

Soy como un revólver cargado en las manos de un tiritón.

Acostumbrada a avivar mis propias cenizas

para evitar que el fuego se extinga.

Desde mi mente,

un caballo desbocado aparece cada noche

para recordarme lo que elegí olvidar.

Y entonces, cruzamos tiempo y espacio:

tú, cual Everest —

magnífico, imponente, inmutable —

destinaste tu mirada al torbellino que soy,

estridente por naturaleza,

salvaje, pasional.

¿Cómo lograste domar mi instinto de huir?

Con tus pausas.

Con tus evocaciones a la madurez.

Has tomado entre tus manos un panal

y lo convertiste en miel.

Tus pausas hacen mella en mi propósito,

como gota que agujerea la roca.

Me has mostrado la calma que anhelaba,

y que aún hoy,

intento merecer.

No me llenas la cabeza de piedrecitas,

ni me dibujas castillos de algodón.

En cambio,

me sumerges en tu calma

y marcas un tempo que no comprendo,

pero que me da paz. 

Abrazo tu singularidad,

tu forma de amar.

Y por primera vez,

empiezo a entender algunas letras

de este abecedario compartido,

este lenguaje nuevo

que está en construcción. 

Pongo en pausa el camino.

Medito. Rectifico.

Rendida a tu norte.

Guiada por tu luz,

veo esperanza.

Veo un campo lleno

de dientes de león.

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