No todos los días es igual,
y eso —aunque a veces cruel—
lo hace más real.
Mis afectos fluyen como río
y encuentran su cauce en tu ser.
Que te quiero ya no es confesión:
he desnudado mi alma tan rápido,
que me cuesta atrapar en el aire
las palabras que escapan
prisioneras de mis labios.
Me quieres, lo sé,
lo has dicho.
Y aunque no todos los días es igual,
aunque no siempre lo lea
o te escuche pronunciar,
los días en que ablandas el corazón
me llegan
como rayo en la tormenta.
Te quiero. Cortinilla de entrada y salida.
Te quiero. Aunque el silencio sea tu lenguaje.
Te quiero. Apretando los dientes.
Te quiero. Elevándome como humo.
Te quiero. Todos los días te quiero.
Te quiero, te quiero, te quiero…
Y no es masoquismo,
pero esperarte pronunciar,
lo hace más real.
