Para la posibilidad más luminosa: mi anhelada Alba.
Aquí,
nadie lleva prisa…
excepto la vida misma.
Son tus canas las que dibujan
el imaginario de esta unidad que somos.
Es el tiempo de la siembra
quien cuestiona si mi campo aún es fértil.
¿Será el Alba de nuestros días
lo que motive el reloj?
Nos preparamos para tomar impulso
ante la incertidumbre del oficio
y sin embargo
un solo latido podría acobardarnos
o germinar sentido
en aquello que, al final,
no nos vamos a llevar.
Con el alma de una física que no fue,
confieso:
le temo al tiempo.
Y a veces,
sueño con ganarle…
aunque sea por nueve meses.
Pero aquí,
nadie lleva prisa.
El Alba
siempre llega
cuando va a amanecer.
