Tu existencia me siembra una duda:
¿Vinimos solos a esta tierra,
o acaso el destino nos trajo en pares?
Todo en ti y en mí es un vaivén de reflejos:
un amor naciendo en manantiales secretos,
y un temor… un temor al pensar en su sed.
Tu sola presencia incendia mis ramas,
pero es tu abrazo
quien aquieta mis raíces.
Eres campo fértil para mis sueños,
aunque a veces,
tu amor me llega como sequía.
No importa en qué estación nos hallemos:
tomarte de la mano…
es suspender el tiempo,
es ver cómo futuro y pasado
se abrazan en un instante que huye.
Yo, eterna nómada,
hoy ansío habitar tu geografía.
Tu existencia me devuelve la pregunta:
¿Venimos solos?
¿O siempre hemos sido
dos mitades buscándose?
