Rumiando Mentes

Aquí no hay letras perfectas, pero hay de sentimientos todos. Transformando pensamientos en palabras

Dicotomía

Dale gracias a tu acento,
que me ancló en el limbo de la dicotomía:
exudarte por los poros
o empaparme de ti.

Mis instintos intelectuales
arañan la idea,
pero al mismo tiempo
me veo huyendo del hecho.
Detrás del ritmo de tus palabras
no logro descifrarte.

¿Debería soltarlo?
¿Es tan apremiante
lo que hay al final del signo de interrogación,
que vale el insomnio quedarme?

Levantas más que el país.
Levantas mis deseos más primigenios,
incluso aquellos que rozan
la filosofía no comprobada.

La palabra no dicha
me anida el cerebro,
y hace de las suyas:
proyecta una imagen
de dos personas sin rostro.

En este país de ideales partidos,
los tuyos me abruman.
Y me pregunto:
¿será suficiente el polvo
que dejan nuestras conversaciones
para volverse ceniza, chispa, llama?

Veintiséis grados de alcohol
y me doy cuenta:
estoy coqueteando con la piromanía.
¿Cuáles son los límites de lo aceptable
antes de que me quemen las yemas
por recordar tus labios,
tu lengua oscilando
como péndulo?

La dicotomía:
¿sentir la nada y dejarlo todo,
o sentirlo todo
y dejarte sin nada?

Dale gracias a tus manos nobles,
que conducen tu camino
al asfalto de lo ecuánime.
Dale gracias a tus ojos,
que encontraron mi cultura en las pupilas.
Dale gracias a tu mente,
que hizo un agujero en la mía,
por donde entra
el olor de tu intelecto.

Dale gracias a tu cuerpo,
que con su semilla
me fundió en la naturaleza de tu juego.
Dale gracias a tu risa,
que revienta como burbujas en mis oídos.
Dale gracias a esta dicotomía:
la de ser contigo poema,
o alzar un monumento inerte
a la estupidez en mi corazón.

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