En lo negativo de mi entender
nacen cosas bellas.
Todo lo que hace eco en mis entrañas,
lo que me revuelve el estómago,
me hace pensarte.
Y no relato una pesadilla,
no es un cuento de terror,
aunque el horror de tu silencio
me empuja hacia el lado que sí quiere saltar.
Pero son los saltos de fe impulsados por el miedo
los que han construido al hombre.
Porque donde radica el temor,
se impone un monumento impecable a la creación.
El miedo es creador.
Y aquí, desde donde me paro hoy,
me veo asustada,
pero estoy creando.
Hay un puente en construcción
que tiene como destino tu interior.
En esta vulnerabilidad que transito,
tu palabra me fortifica.
Y podría decir que es una mala combinación:
incertidumbre y miedo.
Pero algo se me escapa,
de los ojos, de los labios, de las manos,
y me arroja a tus brazos,
derribando todas las puertas que he cerrado
y abriéndolas de una sola vez.
Ahí me encontrarás,
muerta de miedo,
pero inexplicablemente llena de hojas verdes
y flores en el cabello,
dibujadas por tus dedos
cuando acaricias mi cuerpo,
cuando me abrazas,
cuando me besas la cabeza.
Del miedo he creado una mezcla perfecta,
una corriente que fluye dentro de la rutina,
como agua de lluvia,
y que ha encontrado su camino
a través de tus canales
para llegar a ti.
Tengo miedo de los truenos
que resuenan en este ocaso inconstante,
y es de ese miedo
que estoy creando este poema para ti.
Confieso que, en medio del temor,
se está gestando una mejor versión de mí,
una que quiere conocerte a ti.
