Entre tantas luces, no te veo.
Con descarada impaciencia, te exclamó a gritos
una corriente de aire, un silencio.
Un bip inestable. Silencio.
Escudriño entre las ventanas de la probabilidad,
pero no quiero mirar, no quiero saber.
El miedo desgarra mis deseos,
impide que cree el núcleo donde florecer.
En esta pequeña burbuja cubierta de utopía
encuentro regocijo,
aunque sea idílico, porque es idílico—lo sé.
Pero hay destellos.
Aquí, en Japón, eres mío,
soy tuya,
somos nuestros.
Y es ahora.
